19 junio, 2024
Salud

Coronavirus: El enemigo invisible

 Estaría tan mal el funcionamiento del planeta Tierra que, de algún desconocido origen se decidió ponernos a prueba, como especie, para hacer un paréntesis en el impulso incontenible que nos llevaba aceleradamente a generar cambios en forma sostenida. Avanzando hacia adelantes, continuamente. Una vorágine incalificable que nos sacaba del máximo propósito del ser humano, vivir.

Convivir en paz disfrutando de ese don supremo que es la vida y priorizar la relación y sentimientos con los afectos hacia los congéneres. El ocuparnos con febril intensidad en cambiar día a día nos hace crecer junto con la tecnología y las innovaciones. No es malo, todo lo contrario. El crecimiento y desarrollo que todo esto produce, está a la vista. Lo malo es el orden de prioridades. El andar tan rápido no nos deja observar y disfrutar del paisaje. Ahí es donde perdemos el olfato y el gusto. Las sensaciones desaparecen. ¿Podríamos disfrutar una excelente comida si no reconocemos los diferentes sabores que una buena cocina nos puede ofrecer? No teníamos tiempo para eso. El tiempo es el factor determinante. debemos administrarlo correctamente. Bajarnos del andar supersónico. Ir más lento, sin dejar de crecer, que no está mal. Pero darle a cada cosa la verdadera importancia que realmente tiene. Andar por la ruta en el auto a una velocidad que nos permita reconocer y admirar todo lo que naturaleza nos brinda. Un viaje contiene un placer invalorable, si lo sabemos reconocer. Ese es el que se disfruta cuando le dedicamos nuestra atención para observarlo y apreciarlo. “Lo importante no es llegar, lo importante es el camino”. Un acierto de Fito Páez. Ni hablar de seguir el proceso del crecimiento de los hijos. Concederles el espacio y los momentos que ellos necesitan. Como darle el lugar a la pareja, a los padres y a los amigos. En estos momentos el mundo se ha detenido. Parece increíble que estemos viviendo estas circunstancias cuando estábamos convencidos que toda la ciencia, la tecnología y el conocimiento nos brindaban una coraza impenetrable. Que nos protegía de todas las amenazas. La salud iba resolviendo casi todas sus enfermedades. Salvo alguna que otra que continúan cobrando sus víctimas. A pesar del, supuesto, denodado esfuerzo de la ciencia para remediarlo. Digo supuesto, porque al no resolverlo, no se contabiliza como exitosa la performance. Ahora nos encontramos con un enemigo invisible que muy poco sabemos de él. Justamente nosotros, los orgullosos humanos que creíamos que el conocimiento avanzado alcanzado a través de los tiempos nos ponía en una posición de invencibilidad. Sólo fue suficiente que un diminuto virus desconocido demoliera nuestra invulnerabilidad y tirara por tierra con toda nuestra sabiduría. Será una señal para que se convierta en una prenda de paz. Tanto a nivel de las altas esferas mundiales de la política como en los conflictos locales de países, distritos y municipios, la grieta alcanzada es abominable. La confrontación nos ha llevado a ignorar al otro. El otro es el enemigo al que hay que destruir para alcanzar el poder. Nada más errado como concepto, nosotros sin el otro no seríamos nadie. De eso se trata, el otro es un ser humano igual que nosotros. Es parte del barrio, la comunidad, el país. O nos unimos por el bien del territorio en el cual convivimos o lo dividimos y ocupamos un territorio cada uno. Si vivimos en una casa, y no nos ponemos de acuerdo de como convivir, mejor cada uno se busca su propio lugar y seremos todos felices. No hay otra. Todos los problemas de confrontaciones entre los poderes. Como se llamen. China, Rusia EE.UU. Irán, Irak, Argentina. Brasil y sus políticos representantes. Confrontan encarnizadamente hasta en una partida de ajedrez. Eso genera odio. Si no hay enemigo se lo construye y alimenta para demostrar dominarlo. Eso, suponen, es el poder. Es la teoría de algunos intelectuales como Ernesto Laclau. Ese poder es tan banal que solamente beneficia a los que lo ejercen mientras el pueblo espera las reivindicaciones que nunca llegan. Es la teoría amigos vs. enemigos. Lo que nos llevó a dividirnos en una grieta profunda. Ahora tenemos un verdadero enemigo y nos unimos para luchar contra él. Este virus habrá llegado para hacernos pensar a los humanos. Recapacitar si, hacia dónde íbamos, era por el camino adecuado. O quizás el objetivo sería distinto, por ese sendero, o por otro. Es para pensarlo. Es la oportunidad de tomarnos el tiempo para la reflexión y el análisis de la situación. el virus nos ofrece esa oportunidad. Nos obliga a la cuarentena, para que no justifiquemos con la falta de tiempo libre, la impericia para reordenar las ideas y los objetivos. Este es nuestro momento. Aprovechemos mientras nos cuidamos para no ser contagiados. Purgamos nuestras culpas por la imposibilidad de manifestarnos con el contacto con el otro. No podemos darnos la mano, un abrazo y menos un beso. Esta veda será una forma de valorarlo y apreciarlo. Ojalá podamos recapacitar y podamos convivir entre los de la misma especie y compartirlo también con las otras. Mientras, cuidémonos entre todos.

Por Francisco Grillo

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