julio 5, 2022
Opinión

 La economía del conocimiento, un puntal que hay que seguir apuntalando

Estamos en presencia de un fenómeno de un sector que comenzó a desarrollarse a alrededor del año 2005. Incentivado por la ley 25.992 de promoción del sofware promulgada en el 2004 e impulsada por Néstor Kirchner para incentivar el desarrollo del sector. Se prorrogó, con algunas modificaciones en 2011 y 2013. La continuidad de la misma continuó con la ley 27.506 sancionada en mayo del 2019 por la gran mayoría de los bloques del Congreso. Esta, que comenzó a tener vigencia el 1 de enero fue suspendida por el gobierno para modificarla.

Comenzaremos por describir las fortalezas de este sector que en los últimos 15 años se ha posicionado con firmeza ubicándose con firmeza entre los mayores generadores de empleos y divisas de nuestro país. Justamente, dos factores que necesitamos potenciar para poder escaparle a las crisis que nos paralizan y estancan en condiciones sociales y económicas que nos sumen en las consecuentes fragilidades de nuestra capacidad administrativa. Es un hecho incuestionable que gastamos más de lo que producimos y ello nos lleva a los conflictos imposibles de resolver. Para lograr el equilibrio entre salidas y entradas de capitales hay dos caminos: reducir el gasto o subir la recaudación. El primero es casi un imposible porque este está conformado, en su mayoría, con componentes de asistencia social, previsional y el sostenimiento de una elevada proporción de empleados de las administraciones públicas nacionales, provinciales y municipales. Disminuir esos aportes sería desamparar a millones de personas. La única manera de transformar el déficit en equilibrio, primero y superávit después, es aumentar la recaudación del Estado. Tampoco el camino es aumentar la carga tributaria, que sería el elemento más a mano y menos creativo. No es viable, los ciudadanos ya no soportan que se los asfixie subiendo impuestos. Son como naranjas secas de tanto apretarlas. Ya no tienen más jugo. Casi obligados por las circunstancias, nos queda extremar la imaginación y las capacidades para lograr aumentar los ingresos. ¿Cómo se puede hacer esto? Las inversiones de afuera no vendrán hasta que no demostremos credibilidad. Esto se hace creciendo. Como se puede crecer sin capital. Alentando a las empresas a producir más. Incentivarlas con beneficios fiscales y tributarios. Por ejemplo, en el plano de las jubilaciones, el sistema previsional argentino está colapsado por varias razones. La principal es que para que el sistema de reparto resulte sustentable es necesario que por cada jubilado aporten entre 3 y 4 trabajadores activos. En este momento la cifra es de 1.7. Esa una de las razones principales del colapso del sistema. Por eso los beneficios están lejos de los salarios reales. Nunca va a cerrar. Esto se resuelve con el incremento de la masa de trabajadores blanqueados. Cuando crezcan los aportantes se logrará el equilibrio y el sistema puede llegar a convertirse en sustentable. El primer paso es que el trabajo informal se convierta en formal, hay que incentivar a los empleadores con beneficios en cuanto a los aportes previsionales y tributarios. Es la manera de incorporar a un amplio sector de la población al sistema. Esto hará crecer los ingresos del Estado. Bajarle al sector informal un porcentaje de las deducciones y pagos. Muchos que paguen menos representaran muchos más que pagan. Esto hará crecer la recaudación y equilibrar los déficits. Cuando Kirchner promueve la implementación de la ley 25.992 de promoción del sofware persiguió ese objetivo apostando al crecimiento del sector y eso se logró exitosamente ampliando a otros rubros del conocimiento y con el tiempo, los resultados están a la vista. Las siguientes son las cifras actuales que muestran que ese era el camino adecuado: Clasificando al sector de la Economía del conocimiento dentro de los innovadores que apelando a recursos como la inteligencia artificial han diseñado empresas y productos que tienen gran demanda desde el exterior y multiplican la producción en las empresas locales creciendo ellas y generando una gran demanda de empleos de calidad. La cifra de exportaciones anda en unos 15.000 millones de dólares anuales y agrupa al software, servicios financieros actividades y contenidos culturales (audiovisuales), turismo receptivo, transportes, consultoría y tercerización de procesos empresariales y seguros, entre otros. Esta cifra ubica a estos sectores entre el tercero y cuarto puesto de las exportaciones argentinas. Debemos considerarla una verdadera fortaleza argentina desarrollada en muy poco tiempo y con un éxito casi inmediato. Es la representación del talento argentino que muestra una capacidad competitiva en un sector de vanguardia y de alta complejidad científica y tecnológica. Bien por todo esto. Es un modelo a seguir. Si bien el incentivo de los beneficios concedidos los ha ayudado muchísimo es incuestionable el grado de profesionalismo alcanzado. La ley que debía ser continuadora de la anterior que ampliaba el alcance de los beneficios fiscales e impositivos a empresas exportadoras de software y servicios de la industria del conocimiento, debía implementarse a partir del 1 de enero de este año. El Gobierno la suspendió para analizarla y establecer algunas normas. Éstas pueden diferenciar a las empresas chicas de las grandes para conceder la continuidad de los beneficios. Esperemos que se llegue a un puerto. Como en el futbol, equipo que gana no debe tocarse, en este tema, si les fue y NOS fue bien con este sistema, para qué modificarlo. Los aportes que dejan al Estado son invaluables. Hay empresas que se han convertido en gigantes unicornios. El incentivo a estas actividades en el mundo es mucho mayor al que les brindamos en nuestro país. Es muy valorado el nivel de conocimiento de estos actores y en el campo competitivo, entre los países más desarrollados, compiten en que jueguen para sus equipos y pagan sumas siderales para mantenerlos. No matemos a las gallinas que ponen los huevos de oro. Ya surgen inquietudes y dudas entre los empresarios. Como la de irse del país. No olvidemos que desde la vecina orilla ya sonaron campanas para recibir a los que se quieran radicar. Los tientan con liberarlos del pago del total de los impuestos nacionales a la producción y a los bienes. Exención de aranceles aduaneros y la libertad de circulación de moneda extrajera entre otras concesiones más. Es justo reconocer también, que se estos beneficios que tuvieron las empresas del sector contribuyeron a su crecimiento, quizás haya llegado el momento de que aporten lo mismo que otras empresas que no les llega la ley. Hay que evaluar con profundidad el costo beneficio de una y otra decisión. Que no se nos escape la tortuga. La economía del conocimiento, un puntal que hay que seguir apuntalando.
Por Francisco Grillo

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