julio 5, 2022
Tecnología

Buscan recuperar el sabor del tomate criollo

  • ¿Dónde quedaron aquellos tesoros rojos, carnosos, dulces y aterciopelados que supimos conseguir?

Según los integrantes del proyecto “Al rescate del tomate criollo” -unas veinte personas, entre los que hay ingenieros agrónomos, estudiantes y voluntarios huerteros-, es precisa: quedaron hace 100 años en la historia.
A comienzos del siglo XX, las semillas de tomate que se plantaban en Argentina todavía no habían pasado la tecnificación y el “mejoramiento genético” que, bajo la promesa de hacer más rentable su producción, terminaron perjudicando su sabor con tal de obtener más cantidad en menos tiempo.
El Proyecto de “Rescate y Mejoramiento Participativo del Tomate Criollo” (Solanum lycopersicum) en la Facultad de Agronomía de la UBA, rescata semillas de tomates criollos para multiplicarlas y devolverle a ese fruto su sabor original. Cuenta con la colaboración de la Cátedra de Horticultura y participan profesores, estudiantes, voluntarios huerteros e integrantes de la Feria del Productor al Consumidor de la FAUBA.
El trabajo es liderado por la Cátedra de Genética y coordinado por el Dr. Fernando Carrari, quien fue el encargado de importar las semillas de bancos de germoplasma de Estados Unidos y Alemania. Ya se están cultivando frutos y semillas de más de 150 variedades de tomate.
“Para recuperar el sabor del tomate, hay que buscar cómo era antes, fue lo que pensó Fernando cuando empezó a pedir los materiales argentinos que estaban diseminados por el mundo”, señala Gustavo Schrauf, titular de la cátedra de Genética de la Facultad de Agronomía e integrante del proyecto. Se refiere a que algunos países saben cuidar sus semillas como si fueran una reliquia, porque reconocen la importancia de resguardarlas y tener soberanía sobre los alimentos autóctonos.
No es el caso de Argentina. Dar con las semillas que se plantaban hace un siglo en estos suelos no fue una tarea fácil: Carrari se encontró con que la mayoría de las variedades de tomate permanecían en bancos de germoplasma en el exterior, salvo unas pocas excepciones que estaban atesoradas en la Universidad Nacional de Cuyo y en un banco argentino. Encontró 60 variedades de semillas de tomate argentino guardadas en un banco de Estados Unidos y otras 60 en otro de Alemania. Las pidió, y cuando pudo disponer de ellas, en noviembre del año pasado, decidió volver a plantarlas.

Ahora, en el corazón del predio de Agronomía -el campo experimental de la Facultad-, unos cuantos metros más allá del subsuelo del Instituto de Genética en donde están reunidos los miembros del proyecto, 165 variedades repatriadas de tomate se yerguen silenciosas, entre los pastizales, bajo el amparo del sol del predio. En sus raíces está la promesa de un mundo de sensaciones por descubrir para miles de paladares.
¡Un gran paso en la recuperación! Precisamente el 6 de septiembre del año pasado, se entregaron gratuitamente diez variedades de semillas de tomates criollos antiguos, al lado del Centro de Estudiantes de la FAUBA junto a la entrega del Bolsón Soberano.

Por Valeria Sanchez Brizuela

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