Producción

Fortalezas y debilidades argentinas                                                                                                           

El debe y el haber                                                                                                                                                       Cuando se elabora un plan de negocios, es imprescindible analizar cuáles son las virtudes y las carencias para lograr el éxito en el proyecto. Debemos tratar de distinguir nuestras fortalezas de nuestras debilidades, es el primer paso para emprender cualquier proyecto

En el caso de nuestro país, la situación actual nos coloca ante la problemática de elegir una salida para terminar con la crisis y desarrollarnos para crecer, estabilizar al país y a las personas. En primer lugar, para curar un enfermo, lo primero que se debe realizar es el diagnóstico. De otra manera, no hay cura posible. Estamos en rojo. Debemos planificar de qué manera nos estabilizamos. Para iniciar el proceso de sanación es necesario conocer porqué llegamos a ese punto. La razón de nuestra enfermedad. Qué es lo que se hizo mal y lo que fue acertado. Como vamos a cambiar los errores cometidos. Unirnos para, entre todos, encontrar el desarrollo. El camino. Diagnóstico: En el plano de las debilidades, que se pueden encasillar en el “Debe” de esta fenomenal empresa llamada Argentina, ya están abrumadoramente mencionados todos y cada uno de los temas que nos llevan al déficit de la balanza comercial. Se nos ocurre, entonces, analizar las fortalezas en el “Haber” para encarar el equilibrio y el crecimiento.

Escuchar continuamente cuales son las razones que nos han sumergido en la actual situación de desorden institucional, donde todo funciona incorrectamente, ya no tiene sentido. Es el hartazgo por el hartazgo mismo. Se intentan miles de maniobras para superar la crisis y hay fuerzas “desconocidas” que siempre pueden más que el gobierno de turno de hoy, ayer y mañana. Estamos de acuerdo, y como no estarlo, en que gastamos más de lo que generamos. Es elemental y demasiado básico. Pero es la realidad. Como se consigue adecuar las salidas a las entradas. Si bajamos las partidas que el Estado destina a cada uno de los temas donde es necesario apoyar, seguramente estaríamos disminuyendo las diferencias con el equilibrio. Los subsidios a las tarifas se han descartado. Los que se mantienen son los que van dirigidos a los sectores sociales con mayores necesidades. En este caso se han incrementado. Todo es muy largo y doloroso. Los resultados no aparecen. Sería mucho más criterioso, apuntar a crecer más para generar el aumento de los ingresos.  Encarar por fin el modelo inclusivo de incentivar e incrementar la productividad en todos los sectores. Generaría, como resultado inmediato, el crecimiento de la recaudación fiscal y la disminución del déficit. La creación de nuevas fuentes de trabajo para bajar las tasas de desempleo y con ésta, la pobreza. Crecería así, el poder adquisitivo y el valor de la moneda. Parece que fuera sencillo, pero no sería tan fácil implementarlo. Allí es donde surge la capacidad de comprender que la “Fortaleza” de esta empresa-país se sustenta en la amplia variedad de recursos naturales con que fue privilegiado este territorio.

 

También podemos incluir en este aspecto a la fuerza laboral argentina que cuando sale a la cancha muestra sus habilidades. Incluyendo a los científicos, innovadores, investigadores, profesionales, integrantes del área Salud, técnicos operarios, obreros y empleados. Cuando confían en nosotros somos capaces de demostrar la capacidad y la inquietud para avanzar. Inclusive en capacitarnos para las nuevas tecnologías que van dominando el mercado. La ciencia, el conocimiento, las últimas tecnologías. Tenemos la ductilidad de formarnos y adaptarnos para superar cualquier dificultad. Solamente hace falta que nos ofrezcan la posibilidad.

A partir de esta nota iremos entregando, en las próximas ediciones, sector por sector, un análisis de cada uno de los recursos que dispone nuestro país. Informaremos sobre el estado actual y las posibilidades de crecimiento. Haremos una especie de auditoria para establecer cómo estamos y con qué contamos para emprender el camino del desarrollo. En este sentido, dejaremos de lado, el sectarismo y los dislates de priorizar a un sector y postergar a otro. Como la gastada antinomia de campo-industria. Nada más retrógrado que un concepto como éste. Una nación que pretenda colocarse entre los países desarrollados no puede permitirse el lujo de descartar cualquier actividad. Es la industria más el campo, y los servicios. La matriz energética, la minería, todo suma y se complementa y todos se necesitan entre sí. Así se avanza.

 

Nunca más volver al pasado fracasado. Debemos ponernos de pie y mirar hacia el futuro. Ir hacia adelante con el dirigente que merezca y pueda conducirnos a ese lugar. Se llame como se llame. Lo prioritario es que el pueblo tenga la convicción de lo que quiere alcanzar. “Ser o no ser, esa es la cuestión”. Es hora de demostrar que estamos para más y dejar de lado e ignorar a los que se empantanan en el camino de la confrontación. Terminar con las injusticias representadas por la pobreza, el desempleo, la corrupción. No todo está perdido. Hay mucho potencial para rescatar y convertir la decadencia actual en un proceso de optimización de la explotación de los recursos para emprender el desarrollo y el crecimiento.

Es fundamental saber dónde estamos parados. Que recursos tenemos. Se los está manejando con inteligencia. ¿Se les puede agregar valor? Tratemos de extraer de cada uno, su mejor rendimiento. Nos vamos a asombrar, en el trascurso de estas notas, de las fortalezas argentinas. Esas son las herramientas, que debidamente utilizadas, nos harán crecer y salir de la pobreza. Como Nación y ciudadanos. No debemos, tampoco solamente ocuparnos de potenciar nuestras fortalezas, también es necesario disminuir nuestras debilidades para que vuelvan a afectarnos. El remedio es crecer, estabilizarnos, generar fuentes de trabajo. Ese es el antídoto que nos va a proteger del virus de la pobreza, la falta de trabajo y oportunidades.

Por Francisco Grillo

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