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Inversión china para multiplicar la producción de cerdos y abastecer a ese mercado genera polémicas  

Está sonando cada vez más fuerte la posibilidad de concretar un acuerdo con China. Es para invertir, en nuestro país, capitales de ese origen destinados a la instalación de criaderos de cerdos. El fin es multiplicar la producción de carne porcina para abastecer al mercado de la nación asiática que, por distintas razones, ha sufrido un fuerte descenso en la producción propia.

De que se trata el proyecto

Se manejan distintas versiones sobre los números de esa posible inversión. Circulan cifras de hasta 27 mil millones de dólares, en 8 años, otras de 3.500 millones en dos o tres años. El objetivo es construir 25 granjas en nuestro país para industrializar la producción y estar en condiciones, por los menos, de duplicar el actual promedio, de unas 700 mil toneladas anuales. Se pretende lograr un excedente de 900 mil toneladas para poder abastecer al mercado chino y garantizar el consumo del producto en el mercado interno. Los gobiernos de Alberto Fernández y Xi Jinping están realizando negociaciones bilaterales para darle forma a este proyecto. En su momento el anterior presidente argentino, Maurico Macri, había iniciado conversaciones con su par chino, alrededor de abril de 2019, para generar inversiones similares para el mercado de carne porcina.

Como impacta en nuestro país esta inversión

Esta posibilidad ha generado distintas apreciaciones a favor y en contra. Trataremos de ir analizando cada una de ellas. Con el afán de alcanzar algunas conclusiones que pueden resultar interesantes. Toda inversión que llegue a nuestras tierras es como una bendición. Estamos en una situación crítica y el camino para salir es abrir nuevas fuentes de trabajo que posibiliten mejorar los niveles de vida de la población y sacarlos de la situación de pobreza. Esto, como prioridad de resolución inmediata, porque afecta a los más vulnerables. En el siguiente plano, la Nación necesita imperiosamente equilibrar su balanza. Debe conseguir recaudar más de lo que gasta. No hay alternativa. De otra forma, nunca nada podrá solucionarse. La manera más apropiada para conseguirlo es mediante el incremento de las exportaciones.

Otro tema, es que los productos que vendemos al exterior deben sumar un mayor valor agregado que la simple producción primaria. Cuanto más valor agregado se obtenga de nuestros recursos, más sustentable y redituable será su renta. Eso lleva incluida la mano de obra de los argentinos. Más trabajo. Que esto sea una prioridad. También disminuirá el gasto social del Estado. Porque más personas serán ocupadas y dejarán de pertenecer al universo de subsidiados. Bajaría esa carga y ayudaría de manera enorme a la estabilización de la crisis. Son muchos los factores que juegan a favor de este proyecto. Pero también hay que analizar cuáles son los problemas que señalan algunos sectores. Empecemos por ir al origen de la decisión china en su interés de invertir en Argentina para que criemos los cerdos que alimentaran a sus habitantes.

Las razones de la caída de la producción china de carne porcina

Cuando aparece la “Peste Porcina Africana (PPA)”, proveniente de Kenya, en las granjas de China, en 2018 estaban produciendo 54 millones de toneladas. Para este año se estima que llegará a los 34 millones. Es el producto del daño que causó esta enfermedad en los planteles. No murieron solamente por la enfermedad, fueron sacrificados alrededor de un millón de animales, entre los años 2018 y 2019, para evitar que siguiera creciendo el contagio. La propagación de esta peste por todo el territorio se potenció por las deficientes condiciones de salubridad en los establecimientos, la mala calidad de la comida, la venta en los mercados de animales enfermos, la falta de higiene y de un control sanitario para controlar la calidad del producto. Todo esto significó una caída vertiginosa de la producción de un alimento que es básico en la cultura de ese país. “Pacto Eco Social y Económico en Argentina”, emitió un documento con la firma de un grupo importante de científicos, intelectuales, profesionales, políticos periodistas, artistas, etc, que sobre este tema, se manifestó de la siguiente forma: “La actual pandemia por Covid-19 que tiene en vilo a toda la humanidad está estrechamente vinculada a cuestiones socio ambientales y productivas, que están invisibilizadas. Al igual que ocurrió con el ébola, la gripe aviar y la porcina, el SARS y otras zoonosis, se trata de un virus que emergió por alguna de estas causas: hacinar animales para su cría industrial y/o su venta, y desintegrar ecosistemas”.

Continúan con el llamado de atención sobre las condiciones de salubridad de estos establecimientos industriales que se constituyen en fábricas masivas que han generado la propagación de enfermedades que incluso pueden contagiar a los humanos. En ese sentido, siguen alertando: “Los criaderos industriales de animales ilustran un modelo agroindustrial cruel e insustentable que no sólo genera focos de contaminación en el plano local y regional sino también se convierten en incubadoras de nuevos virus altamente contagiosos y, por ende, en fábricas de nuevas pandemias”.                                                                                      Esa es la mirada que rechaza el proyecto. A todo esto, se suma una noticia reciente que llega de Brasil que informa: La directora del Instituto Oswaldo Cruz (IOC), Marilda Siqueira, “pidió estar en vigilancia intensa dado que en el estado de Paraná se descubrió una nueva variante de la influenza A H1N2, virus que se transmite de cerdos a humanos”.

Los argumentos mencionados tienen algún basamento de certeza. Es importante tener mucho cuidado en las normativas de los acuerdos. Muchas veces ocurre que la explotación de algunos recursos tiene diferentes formas de realizarse, Cuidando la contaminación ambiental o no controlando y dejar hacer lo que más conviene a los responsables del sector que corresponda. Existen formas de llevar adelante un negocio redituable para ambas partes respetando los protocolos que protegen la contaminación del suelo, el agua, los alimentos y la gente. El acuerdo sería muy beneficioso para los argentinos, pero tomando todas las precauciones necesarias para poner límites que impidan transgredirlos. Ya han demostrado en su país que mucho no prestan mucha atención estas especificaciones. Estamos todos decididos, con esta pandemia, a realizar todos los esfuerzos necesarios para cuidar nuestras vidas. Tomamos conciencia de lo que representan esos valores. Concretemos el acuerdo, pero coloquemos las clausulas necesarias para exigir el cumplimiento de los protocolos sanitarios correspondientes. Jorge Neme, Secretario de Relaciones Económicas Internacionales, así declaró por estos temas: “El Ministerio de Agricultura chino lo está considerando. Estamos esperando las respuestas. Pensamos que faltan una serie de conversaciones porque pusimos algunas condiciones”.

Las opiniones del sector productivo

Empecemos recordando que este posible acuerdo con los chinos está dentro del objetivo que mencionó últimamente Alberto Fernández sobre agregar valor a los productos del campo. En la celebración del 9 de julio, acompañado por empresarios, dirigentes del campo, sindicalistas y gobernadores del oficialismo y la oposición, de alguna manera dio una definición sobre el tema: “El Estado tendrá un papel preponderante por la inversión pública para la recuperación de la economía: Industrialización al máximo del campo para exportar alimentos al mundo, con valor agregado”. Necesitamos, como el agua, este tipo de acuerdos, para transformar el país y avanzar hacia el desarrollo. Pero siempre y cuando no afecte la salud del pueblo argentino. El canciller Felipe Solá se refirió a ciertos aspectos de los que sería el acuerdo: “Se trata de encarar la producción de carne porcina con inversión mixta entre las empresas chinas y las argentinas. Ya llegaron a un acuerdo sobre este proyecto la Asociación China para la Promoción Industrial y la Asociación Argentina de Productores Porcinos (AAPP)”.

Jorge Neme, sostuvo que “Aquí hay una oportunidad de negocios. Un país que demanda proteínas animales y nosotros tenemos una enorme capacidad productiva de la base de esa producción animal que es el maíz en el interior del país, en Chaco, Formosa, Salta, donde perfectamente podemos transformar ese maíz que está lejos del puerto en carnes. Estamos hablando de una producción que tendría frigoríficos, biodigestores, estamos hablando de tecnología de punta que tiene que ver con hacer las cosas bien”. En cuanto al planteo de cono se conformarían los acuerdos dijo: “Nosotros estamos planteando que tienen que haber socios, productores y cooperativas argentinas”.

Juan Uccelli, especialista, consultor y ex presidente de la AAPP, opinó sobre algunos aspectos del plan: “Hay que partir de una realidad que es la disponibilidad de cerdas madres para abastecer un crecimiento, por lo menos los dos primeros años y que arroja una cifra de 60.000 madres por año”. Se conformarían cuatro módulos productivos en la cadena de producción, que serían: “La planta de alimentos para los animales y el frigorífico para la faena y desposte”. Ucelli manifiesta estar convencido que la oportunidad para Argentina es muy importante, Hay una serie de beneficios que son por demás, interesantes: “Estaríamos cambiando el granero del mundo por góndola. De 250 dólares de promedio de exportación en granos a 2.600 dólares por vender carne de cerdo. Trabajo para argentinos y para los profesionales argentinos”. Otra ventaja sería que contamos con los recursos para alimentar a los cerdos. Uccelli se refiere a ese tema: “Argentina consume el 3% del maíz y el 1% de la soja que produce. Cuando hagamos esto vamos a duplicarlo. Le vamos a dar valor agregado y transformarlo en carne acá. Nosotros no usamos antibióticos, salvo casos particulares, porque no es negocio curar cerdos, el negocio es que no se enfermen, por eso manejamos la bioseguridad de las granjas y no entra nadie. Ese es el punto”.

Así están las cosas, es una oportunidad que puede resultar un modelo a seguir con la explotación de diversos recursos que no están encarados de la manera adecuada para sacarle el mayor rendimiento. Que Dios lo guíe al presidente por el camino acertado para sacar de la tormenta a este barco y conducirlo con firmeza a buen puerto. Para eso, la tripulación toda debe unirse y no hacer agujeros en el casco para hundirlo.

Por Francisco Grillo

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